
Uno de los mayores placeres que uno puede practicar sin bajarse los pantalones o sentarse a comer, es conocer el entorno. En mi caso llevaba años sin ir a Casares, es más creo que 5 años y no pasé de la entrada porque un concejal presentaba un libro o algo así y lo cubrí para televisión. Así pues Katty y yo aprovechando un día de trabajo hemos decidido compaginar ambas cosas y volver a este pueblo blanco de Andalucía donde se respira paz y se come mejor, aunque no precisamente barato, pero si una cocina de mucha calidad, resaltando el cabrito, para quien lo pueda comer y como pescado, bordan el rape, os recomiendo “La Bodeguita de Enmedio”.
A los nacidos en este pueblo se les llama casareños o “Jopúos”, aunque este último término lo toleran poco.
Las calles de Casares te sumergen en pasajes dignos de Lorca, eso si, las mejores piernas de la provincia están en cada chico y chica del pueblo, por que todo es una continua cuesta.
El aparcamiento es gratuito, solo os diré que son 7 plantas y que puedes dejarlo todo el tiempo que quieras y además vigilado.
Ha sido un remanso de paz dentro de una semana guerrera, y lo mejor es que hemos pasado un día precioso en un lugar no menos precioso. Estamos sopesando irnos a vivir allí.
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